Rebotando en la placa gris

Boing, boing, boing…
Qué bien describe esta imagen mi intento de llegada a la cumbre de la placa gris, y con ello bastaría para resumir mi actividad e irme a dormir.
Pero perdería la oportunidad de verter aquí emociones y recuerdos de un infructuoso pero no tan insatisfactorio día de escalada.
Así que empiezo con la pregunta ya habitual ¿Que quería yo hacer?
Mi objetivo era subir la placa roja, bajarla por atrás para conectar con la placa gris para luego subir esta última hasta llegar a su cumbre.

 

En azul: ascenso y descenso placa roja
En celeste: ascenso placa gris
Cruz roja: rebote
En morado: tramo faltante de placa gris
En verde: descenso placa gris

 

Esto implicaba subir los casi 200 metros de placa roja, ascendiendo por su arista norte y descendiendo por su arista sur unos 100 metros hasta el portezuelo que conecta ambas placas para luego ascender la arista norte de placa gris hasta su cumbre – unos 150 metros más – , y finalmente descender esta última por la misma ruta de ascenso hasta el portezuelo y de ahí hasta el suelo.

 

Mi plan, si puedo llamarlo tal, era escalar la totalidad de placa roja sin usar la cuerda, con el fin de demorarme lo menos posible en una ruta que conocía de sobra ya.

 

Y lo hice, me demore, entre trepes y escaladas menores, unos 42 minutos por su ruta escuela. Con el añadido que esta vez no aseguré el único paso que siempre me atemoriza, el 5.9 del clavo.

El paso del clavo, desde abajo luce mas amigable

 

La razón del miedo en ese paso es que a diferencia de los otros que involucran pendientes de más de 60° – unos 4 en total -, este tiene un pie en adherencia y un agarre no tan fiable, y unos 4 metros de caída hasta la terraza inferior desde la cual se puede rodar cómodamente hacia la pared con unos 90 metros de caída adicionales.

 

Evidentemente cualquier caída tiene consecuencias graves cuando se escala sin usar la cuerda, así que el ejercicio intelectual que acabo de realizar carece de sentido práctico. Pero el miedo en mi mente se alimenta de cosas así, y el miedo es un muy desagradable copiloto cuando se trata de escalar.

 

Pero haciendola corta, saque el paso, respire normalmente de nuevo y 20 minutos después terminé la ruta.

 

Ya en la cumbre me dirijo rápidamente al rapel, empiezo a descender y le agrego 1 minuto extra retirando las piedras del borde de la pared que podía arrastrar la cuerda cuando la recupere desde abajo.

 

vista de la cara sur de placa roja

 

Lo que estuvo bastante bien porque fue exactamente lo que pasó, cayeron al menos 2 a unos metros a mi derecha.

 

Dos rapeles mas abajo de la cumbre de placa roja y estoy ya en el portezuelo. 1 hora y 30 minutos después de empezar a escalar, es mi mejor tiempo hasta el momento y queda espacio para bajarle algunos minutos.

 

El optimismo me inunda pero luego se enfrenta a mis primeras dudas del día ¿en que orden debo meter las cosas en la mochila?

 

Debo hacer un paréntesis – uno entre varios más que haré – para que se entienda la relevancia del orden en este caso. Al escalar en solitario haciendo uso de la cuerda, esta va en la mochila sobre mi espalda.
La cuerda para que cumpla su función tiene que estar arriba de todo lo que contiene la mochila para que pueda salir fácilmente de esta en la medida que vaya ascendiendo por la ruta, esto implica que cualquier cosa que esté debajo de la cuerda queda inaccesible hasta que saque la cuerda de allí. Y lo que queda afuera, va colgado del arnés, así que tengo que seleccionar muy bien qué quiero adentro y que quiero afuera.

 

Pruebo una manera, luego la otra, pierdo unos 20 minutos entre ordenar y reordenar. Mientras, mi cuerpo se va enfriando ya que la mañana está fresca – unos 11°C- , lo suficientemente helada como para abrigarse pero no tanto como para hacerlo si se va a realizar actividad física.

 

Así que después de los minutos de indecisión parto con el cuerpo helado y temblando ligeramente, 10 metros más arriba esta la primera reunión de cadenas y anilla. La siguiente es una escalada que le lleva cuerda, así que armo mi primera reunión con el método que inventé y continuo.

 

Entre el frío, la pendiente y la exposición mi escalada se vuelve lenta y timorata. Sobre todo en un tramo con roca no tan decente, de hecho saco un par de rocas con la mano para poder proteger el paso.

 

No hay mucho donde poner protección, no es que haga tanta falta si la dificultad no era considerable, pero mi corazón habría agradecido más de 2 seguros en 20 metros de ascenso. El inexorable cálculo de cuántos metros voy a caer me persigue, logro dejarlo de lado y continuo.

 

Paso la 2da cadena, pongo una cinta, avanzo unos 20 metros más y armo una reunión móvil. La pruebo un poco y bajo para recuperar la cuerda, y el equipo.

 

Una vez vuelvo a ascender, desarmo todo y empiezo a subir por los trepes, ahora de la placa gris. A diferencia de placa roja, placa gris es muchísimo menos visitada, de lo que resulta  unos trepes considerablemente más sucios con harto material suelto listo para caerse. Es un avance fácil, incluso rápido, pero que requiere algo de cuidado.

 

Entre este punto y la siguiente escalada con cuerda, hay una pasada de unos 30 metros que requiere escalar. Estando a medio camino entre un trepe y una escalada había decidido pasarla sin usar la cuerda.

 

Este tramo se pasa por la derecha por una linea de diedros mas o menos continuos

 

Cosa que en efecto hice y que salió casi bien, bien porque la saque,  casi porque en una bifurcación tome por el lado equivocado y termine en una arista rocosa desconocida y algo expuesta.

 

Cuando me doy cuenta estoy muy arriba como para devolverme a la bifurcación. Me reoriento y calculo que solo tengo que darle la vuelta a una saliente rocosa frente a mi, la analizo mentalmente y me convenzo que es una escalada muy fácil y que puedo subir, rodearla, continuar vivo y ser feliz.

 

Lo de continuar vivo comienza a ser dudoso mientras avanzo, estoy en un filo rocoso, hacia un lado tengo 15 metros hasta la terraza de la cual vengo, hacia el otro algo que luce como 200 metros de caída, un suspiro y un atragantamiento de saliva después me devuelven a la realidad.

 

Abrazo a la roca como a la vida misma, suelto otro par de suspiros y comienzo a subir. Es poco, desde donde estoy implica unos 3 metros de ascenso, luego rodear lo que lucen como unos 3 metros más hacia la derecha, luego otro metrito mas hasta el otro lado, luego 15 hasta la terraza y luego 200 hasta…… enfocate pelado, mirala a los ojos, el escote queda para después.

 

Ya,
– sube
subo!,
– ya, ahora da ese paso y te agarras allá arriba,
listo!
– otro pasito a la derecha y prueba esos agarres de allí,
esos?
– si, esos,
pero se salen!!!!
– entonces los que están mas allá, voh quisiste meterte por acá, apechuga ahora
ya, ya, calmao, deja probar …. si, esos de más a la derecha están decentes
– bueno, avanza entonces, mira que todavía hay que seguir

 

Unos pasos mas a la derecha, una apretada más de esfinter y logro salir a la ruta. La escalada se vuelve trepe y llego a la siguiente cadena. El resto es terminar de trepar y caminar/trepar hasta los pies del siguiente largo de escalada, el escudo.

 

El escudo

Me tomo un recreo, uno largo, me hago algunas fotos, como, me hidrato, saco la vuelta y finalmente me convenzo de que tengo que seguir.
Este es el tramo realmente difícil de la ruta, lo he escalado antes pero es por lejos el que más me atemoriza. El crux está unos 12 metros más arriba mio, 3 metros más abajo hay una chapa, 9 metros más abajo de esa chapa hay otra que es la que usaré para armar mi reunión.

 

Nuevo paréntesis, las reuniones para la escalada en solitario tienen una particularidad, en lugar de orientarse hacia abajo, se orientan hacia arriba, lo que conlleva varias dificultades.
La primera es que cambia la orientación que uno emplea habitualmente, lo cual es un ejercicio mental no tan menor.
La segunda es que como va en contra de la dirección en la que la gravedad actúa, no es fácil posicionar la reunión apropiadamente.

 

Me tardo bastante en acomodar la reunión, hago una de dos puntos confiando en que la chapa luce bastante nueva y por lo tanto su resistencia supera ampliamente lo que necesito, pongo un segundo punto a un tricam que testeo varias veces en la posible dirección de la caída.

 

Una vez me siento satisfecho con la reunión empiezo a escalar. Llego a donde debo poner mi primer seguro y me doy cuenta de mi primer olvido/condoro importante del día, se me quedaron los cordines que mantienen tensa la cuerda

 

Siguiente paréntesis, uno de los problemas de la escalada en solitario es que la cuerda está en la mochila y debe fluir “libremente” a través del dispositivo de aseguramiento, esto implica que a veces hay más cuerda que la que uno desearía en el sistema, y por ende el vuelo será mucho mas largo. Para evitarlo se ponen cordines en algunas cintas para mantener algún grado de tensión en la cuerda, el que se pone en el primer seguro es esencial ya que deja reorientada la reunión.

 

Extraigo el cordin del cierre de la mochila y logró salir de ese problema, pero no me hago ilusiones, voy a necesitar más de un cordin más arriba.

 

5 metros y otro seguro después, y ya estoy en la chapa.

 

Colgando de la chapa antes del crux

 

Estoy asustado, mucho, no me había dado cuenta de cuan asustado estaba hasta que llegue a ese punto. La pared es casi vertical,  si caigo probablemente sea en  un escalón pequeño que luce como el lugar exacto donde aterrizaré si vuelo en el siguiente paso, o mas abajo aun en la terraza a mi izquierda, asumiendo que no ruede hacia la derecha y en realidad sean 200 metros, maldito miedo y sus malditos calculos.

 

Se exactamente que movimientos debo hacer a continuación, donde esta el clavo salvador que no sirve pero no importa porque justo arriba cabe un ballnut que si salva. He aligerado el peso de la mochila dejando algunas cosas abajo. He dado todos los pasos necesarios para mejorar mis posibilidades.

 

Pero tengo miedo, intento aperrar, subo un poco, palpo los agarres para tomar confianza, suspiro y me devuelvo a la chapa.

 

Me quiero asegurar que si me voy a caer no voy a llegar hasta el escalón, y comienzo a acortar todo lo posible la cuerda entre la chapa y el seguro que está más abajo.

 

Le doy algunos tirones y sin querer logro que la cuerda quede atrapada en una fisura, fantástico, me merezco un premio por torpe. Unos tirones después logran desatascarla, pero ocurre algo inesperado, la cuerda cede un poco, unos 30 cm.

 

Miro hacia abajo extrañado y veo con alarma que el tricam de la reunión se había salido con las vibraciones producto de mis tirones de la cuerda. Ese puto tricam que había probado como 10 veces a tirones desde distintos ángulos decidió que bastaban unas cuantas vibraciones en la cuerda para salirse de su posición.

 

Así que en lugar de estar a 2 puntos, ahora estaba a solo uno. Uno buenísimo, la chapa, pero solo uno …… mi miedo pasa de ser irracional a ser racional, tengo que bajar.

 

Desciendo para acomodar la reunión pero me doy cuenta que no puedo seguir, entre el tricam que se salió, la ausencia de los cordines y los sustos que había pasado, se me acabó la barra del valor. El miedo campa a sus anchas en mi y con ese ánimo no quiero continuar.

 

Podría, cosa de acomodar la reunión, volver a subir, intentar no caerme en el resto de ese largo de escalada, llegar arriba y bajar un poquito más tarde de lo calculado.

 

Pero estoy muy asustado y no puedo seguir negando que ese miedo afecta mi escalada, y por lo tanto mi seguridad en lo que estoy haciendo, he superado el punto en el que tengo control y de tantas veces que he estado en ese punto se que es el momento para retirarme.

 

Meto la cola entre las piernas y empiezo a prepararme para bajar. Frustrado, enojado conmigo mismo pero fuera de auto insultarme un par de veces me desengancho del odio a mi persona y bajo casi sin incidentes.

 

Sin incidentes = caída de piedras en el 2do rapel, con una de unos 2 kilos que pasó tan cerca que golpeó uno de los mosquetones que tenía en el arnés. Mas otra que de regalo, para que no me olvidara de donde estaba, cayó en mi casco cuando recuperaba la cuerda al finalizar el último rapel.

 

Ese hoyo no estaba allí antes de ese rapel

 

Dentro de todo no estuvo tan mal, baje mi tiempo en placa roja, me demore menos en el primer largo de escalada que fue lento pero infinitamente más rápido que mi experiencia anterior en los 3 chiflados. Saque el paso del clavo y supere el condoro al equivocarme en la arista rocosa, a pesar del miedo tuve la sangre fría suficiente para no caer en el pánico y salir del problema. Tomé las decisiones correctas en cuanto a equipo, seguridad y acciones a seguir en caso de problemas.

 

Por otro lado odio profundamente cuando me acobardo, no debí olvidar los cordines para tensar la cuerda, ni que  los tricam pueden salirse cuando hay vibraciones, este último es un error que podría haber pagado muy caro si hubiese caído.
Fue un día interesante, podría dejarlo en que quede insatisfecho pero tranquilo.

 

Y peladin colorado, este relato se ha acabado

Claudio Suau

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