Volcanes del Sur 2016 Parte III

Día 7 (6 feb): Y vos, ¿cuantas cumbres tenés?

Amanecía, y la sombra el cono volcánico se extendía hacia el oeste. El viento era solo una pequeña brisa y solo nos quedaba una cosa por hacer, caminar.

Claude y Marcelo comenzaron a abrir ruta por los acarreos que aún continuaban, mientras Nico cerraba. Progresábamos a buena velocidad, por cerca de media hora. Después de ese momento, relevo a Marcelo, quedando Claude y yo, abriendo el camino.

Esta vez, con el suizo, agarramos una gran velocidad, avanzando sobre las rocas con un tremendo ritmo. El tiempo pasa volando.

De pronto, a nuestra izquierda, vemos otras personas ascendiendo en relativo silencio. Solo unas pocas conversaciones cortan la atmosfera y a juzgar por su saludo, son nuestros hermanos argentinos que también intentan la cumbre – nosotros íbamos por la ruta chilena -.

Luego de saludarlos, nos dicen que son guías con clientes, provenientes de Junín y San Martín de los Andes. Algunos están entusiasmados, ya que es primera vez que suben un cerro y hasta nos preguntan si trajimos el pisco chileno para la cumbre, porque ellos traían el fernet.

Los dejamos pasar delante de nosotros, pero al ver que avanzaban muy lento, con Claude decidimos pasarlos, pidiendo permiso y saludando con la mayor cordialidad posible. Los otros miembros de la cordada, habían quedado en la fila.

Ya avanzado algunos minutos y ya habiendo pasando a todo el grupo de argentinos, llamo por radio a Nico y le aviso que ambos –Claude y yo – subiremos más rápido, ya que los clientes argentinos venían muy lento y además, tirando piedras al moverse, por lo que era recomendable subir más rápido. Ellos harían lo mismo, solo que venían más atrás.

Ya quedaba un poco más de 100 metros de desnivel hasta la cumbre, así que luego de pasar una trepada fácil, le dimos a una velocidad infernal para arriba, por una ladera de roca que marcaba una ruta directísima al glaciar que corona la parte más alta del cerro.

Volábamos hacia arriba, ayudados a veces del piolet para generar tracción – la sensación de subir rápido es increíble, así que solo quedaba disfrutar-. El suizo Claude, de pronto se perdió, producto de la velocidad infernal que agarró. Llegó a las 9:35 a la cumbre, 10 minutos antes que yo.

Ya me acercaba a este lugar y la nieve era escasa, por lo que los crampones nunca fueron necesarios.

De pronto, no lo podía creer.

Ya había llegado a la tercera cumbre de esta expedición! Y la vista era increíble, inmensa. Fácilmente se podía distinguir desde el Llaima por el norte hasta el Osorno por el sur, con el Mocho – Choshuenco entre medio, como también innumerables lagos tanto chilenos como argentinos. Tanto hacia el este como el oeste, la vista era inmensa y sobrecogedora. Un privilegio.

Luego de un rato, comenzaban a llegar nuestros otros compañeros, por lo que aprovechamos de descansar y sacar la ya clásica foto de cumbre.

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Un chocolate y ramitas saladas coronaron este momento, cortesía de Seba.

Así que después de felicitar a los argentinos que recién venían llegando, emprendimos el camino hacia abajo.

Esta vez, íbamos abriendo 3 de nosotros. Claude, Nati y yo, que agarramos una velocidad tremenda hacia abajo, dejando al resto de nuestros compañeros atrás. Aquí, nos mandamos un despapeo, porque tuvimos que avisarles a los demás que bajaríamos rápido, para evitar las rocas que probablemente tirarían los argentinos al bajar. Y también tuvimos que avisarles que ojalá ellos también bajaran más rápido, por la misma razón. No les avisamos.

Lamentablemente, la radio de Nico, que venía cerrando, se apagó por agotamiento de baterías y quedamos separados en dos grupos. Además, ellos venían bajando mucho más lento; pero ya no había nada que hacer.

Ya bajando varias decenas de metros, decidimos esperarlos en un pequeño rellano, pero tuvimos que desistir rápidamente. La caída de rocas había aumentado considerablemente, producto que los clientes argentinos ya habían comenzado a bajar –los nuestros también tiraban, pero en menor cantidad-. Seguir en se lugar no era para nada seguro, así que decidimos seguir bajando rápido con Claude y Nati.

Así seguimos bajando y bajando ya centenares de metros, hasta cerca del punto donde la ruta chilena y argentina se bifurcaban. Más arriba, los argentinos culpaban a los nuestros de la gran caída de rocas, cuando era evidente a simple vista que esto no era así.

En el lugar de descanso, se nos unían Lore, Katia, Marcelo, Seba y Alicia, que ya habían avanzado un poco más. Todo ok, cuando de pronto…

PAFFF!!! PAFFF!!! PAFFF!!!!

Una roca del porte de un refrigerador bajaba contra nosotros – cortesía de los clientes del otro lado de la cordillera-. Esta agarraba velocidad y saltaba como loca.

Claude salió corriendo hacia el lado chileno, mientras que los demás nos refugiamos detrás de una gran roca.

La escuchábamos caer mientras algunos la seguían con la vista para ver hasta donde llegaba. Por suerte, en un momento esta se partió en 3 y se detuvo.

Nos salvamos.

Luego de ese incidente, decidimos seguir bajando más, ya hacia el CB, y esperar ahí a Nico, Pau y Cata, que venían bien atrás.

Finalmente nos reunimos todos, desarmamos el campamento y bajamos a los autos, ya totalmente seguros frente a la caída de piedras.

Mención especial a nuestras caras llenas de polvo volcánico, que nos daba un aspecto increíble y deplorable.

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Ya era hora de bajar a algún camping de Curarrehue, para descansar y comer algo en restaurant, ya que no había ánimos de cocinar. Así que luego de instalar las carpas, partimos a una espectacular pizzería de la ciudad.

Recomendación: prueben la pizza nativa, con digüeñes y brotes de coligüe. Un sabor muy bueno, diferente y nativo.

Esa noche, dormimos como troncos.

Día 8 (7 feb): Acerca de agentes turísticos que creen ser dueños del Villarrica

Luego de disfrutar del amanecer junto al cerro las Peinetas, y despedir a Alicia, Claude y Pau, partimos a Pucón, para subir el volcán Villarrica.

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Llegábamos a esta ciudad a eso del mediodía, para reabastecernos y conseguirnos máscaras de gas, artefactos que nos había pedido CONAF una vez ya iniciada la expedición, alegando que eran necesarias para subir cerca del cráter – y tenían razón-.

Pero la pregunta ahora era.

¿Dónde conseguíamos arrendar máscaras de gas con doble filtro?

Por suerte Nati, había llamado ya a una agencia preguntando si nos podían arrendar estas máscaras, a lo que la respuesta fue positiva.

Lamentablemente al llegar a la agencia, nos dijeron que en realidad solo las prestaban si contratábamos un guía para subir con ellos. ¿El costo? Entre 70 y 90 mil pesos por cada uno!

Ni locos íbamos a pagar eso, considerando que teníamos permiso de CONAF para subir sin guías, por lo que continuamos la búsqueda de alguien que nos arrendara esas máscaras. El grupo se dividió para tal tarea, consultando en cada agencia de turismo a la vista. Mientras, Marcelo y yo iríamos a buscar a la última miembro de la expedición que se nos uniría, la Maida, o más bien, crazy Maida… todo un personaje.

Las horas pasaban, y luego de preguntar literalmente en todas las agencias que vieron, ninguna se dignó a querer arrendarnos mascarillas. Esta vez, el Villarrica se mostraba cada vez más inaccesible, pero no por el clima o la dificultad técnica, sino que por la mala onda de las agencias turísticas que querían cuidar su negocio.

Ya avanzada la tarde, gracias a un contacto, Nati logró hablar con un guía que nos las arrendaría!

Por fin!

Así que ya con todo listo, partimos rumbo al camping ubicado frente a la caseta de CONAF, del P. N. Villarrica. Un lujo de lugar por cierto, totalmente recomendable.

Al día siguiente, tendríamos que estar a las 5.45 am en la portería, para poder ojala entrar de los primeros y evitar las largas filas de gente que suben día a día en la temporada estival.

Pero además teníamos presión!

El guía que nos arrendó las mascarillas, nos dijo que ya todos sabían que ese día seríamos el único grupo sin guías que subiría. Y que por esa razón, todos los ojos críticos estarían sobre nosotros. Como queríamos ir adelante, cualquier roca que tiráramos, podría ser nuestra condena.

Así que nos fuimos a acostar, concentrados en hacerlo perfecto al otro día.

Día 9 (8 feb): No todo era tan terrible

5:55 y ya estábamos firmando el libro de visitas de CONAF.

Lamentablemente – o creo que por suerte – sufrimos un gran retraso este lugar, ya que a los Guardaparques les faltaba imprimir algunos papeles para nosotros, para eximición de responsabilidad. Esto provocó que casi todas las camionetas con clientes, nos pasaran rápidamente.

Pero recordé algo muy importante.

Así que antes de partir, nos reunimos y pedí la palabra.

Les recordé a mis compañeros y amigos, que la presión de la que nos hablaban, en realidad no era tal, ya que si subíamos lento, no compitiendo por quien llega primero, debería estar todo ok. Sería más seguro y permaneceríamos unidos. Además, le comenté a todo el grupo, que recordáramos que en general, la mala onda venía de la gente anexa a la montaña, y que los guías, por lo general son muy buena onda y que no nos criticarían si subíamos tranquilos, sin hacer un show.

Teníamos que subir como lo hacíamos siempre, con todas las ganas y respeto a los demás, y de esa manera, todo sería bueno. Era necesario quitar la presión que teníamos sobre nosotros, para que de esa manera podamos disfrutar el cerro.

Esta vez, me ofrecí para ir abriendo la ruta, así que de esa manera comenzamos a subir, primero por acarreos blandos y luego por la nieve ya pisada por la gran cantidad de gente que iba delante de nosotros.

Los guías con que nos topábamos, en general eran muy buena onda y no había ni rastro de eso que decían, de que todos los ojos estaban sobre nosotros. Con excepción de un par de guías que nos molestaban y decían pesadeces, la gran mayoría de estos nos saludaban cordialmente, contaban historias y conversaban animadamente con nosotros. Hasta nos recomendaban por donde subir, para que sea más seguro nuestro ascenso.

Así que nuestra recomendación es, que si cumplen con los requisitos de CONAF y tienen algo de experiencia; vayan nomás al Villarrica por su cuenta, en general, la mala onda está en la gente ajena a los cerros.

Continuando con la subida del cerro, después de un par de horas, y luego de atravesar una zona donde el humo del cráter nos obligó a ponernos las máscaras, llegábamos por fin a la concurrida cumbre!

Ya llevábamos 4 de 6! Y este cráter era totalmente diferente.

Ya no había nieve sobre él, sino que esta vez, un enorme agujero se internaba en las profundidades de la tierra, lugar desde el cual emanaban gases tóxicos y lava. Un paisaje exótico digno de repetir y recomendar.

Por recomendaciones de CONAF, solo se puede permanecer en este lugar 5 mín, debido a lo tóxico de los gases, por lo que sacamos la foto de cumbre, algunas al cráter y partimos hacia abajo.

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De esa manera y luego de llegar todos bien de vuelta al camping, nos dispusimos a preparar un tremendo asado, que disfrutamos hasta quedar tan llenos que apenas podíamos movernos.
La termita en el cerebro de la Nati estaba feliz, luego de comer los pimentones con relleno a la parrilla, así que nos fuimos a dormir y descansar, algo más que merecido en más de una semana de expedición.

Al día siguiente, partiríamos a Melipeuco, donde el Nevado de Sollipulli y el Llaima nos esperaban.

Lamentablemente, uno de esos dos no pudo ser ascendido, y eso lo sabrán en la última parte de esta crónica.

Continuará…