Domingo de Travesía: “La ruta del Cóndor” en dos ruedas

Motivados por la iniciativa de Stefan por hacer “La Ruta del Cóndor” se organizó una salida para el día 15 de noviembre. La invitación decía: “TRAVESIA, que cruza desde la central Alfalfal (Cajón del Maipo) hasta La Hermita (Camino a Farellones). Esta es una salida en bicicleta de  montaña, tiene aproximadamente 50 Km de recorrido, donde 25 km son subida…”

Stefan al volver diría: “…, la salida fue muy buena, muy buena la ruta, muy primaveral, colorida y un día imposible mas soleado…. Les recomiendo la ruta 100%, pero hay que ir mentalizado a pedalear bien firme!”

7 Fueron los motivados en participar y Bruno el que narra ese día en el Relato que se encuentra a continuación.

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Domingo, 7 y media de la mañana, el sol aparece sobre el pueblito del Alfalfal a orillas del Río Colorado, 7 aventureros arreglan sus bicis y parten con rumbo conocido. Stefan, había invitado a algunos de sus amigos de la vida, y creía en cada uno de ellos, la invitación que llegó por email pocos días antes decía:

“TRAVESIA, que cruza desde la central Alfalfal (Cajón del Maipo) hasta La Hermita (Camino a Farellones). Esta es una salida en bicicleta de  montaña, tiene aproximadamente 50 Km de recorrido, donde 25 km son subida…”

Imagino que son pocos los capaces de tomar en serio una invitación como esa.  Es por esto que estábamos todos preparados para un domingo más largo de lo normal. Pero cuando digo que Stefan creía en nosotros, es porque cuando le preguntaba “¿Estás seguro de que lleguemos Stefan?” El respondía “Lo haremos en tiempo record”.  Sin importar lo que pasara, su actitud no cambiaría a en el resto del viaje.

El viaje comenzó a una velocidad de 1,1, y siguió a esa velocidad durante prácticamente todo el resto del día. Sin embargo, esto no quiere decir que sea la misma velocidad para todos. La Clau, era la única mujer en el grupo, y su chancha regalona no contaba precisamente con la última tecnología en bicicletas de montaña. Tuvimos que esperarla en gran parte de la primera subida, y sin embargo en el fondo yo sentía la mayor admiración porque la suya era una hazaña más grande que la nuestra. Cuando paramos a almorzar muchos llegamos a pensar de que no lo lograría realmente, pero Stefan decía: “No tengo ninguna duda de que la Clau llegará, sin importar lo que le cueste.”  Y nos contaba la historia de cuando subió el Plomo con ella, la cual no voy a transcribir por problemas de espacio (no de ganas).

Llegábamos cerca de la cima y ahí estaban unos gorditos parrilleros que nos habían pasado un par de veces en la subida. Nos dijeron que habían venido a mirar si es que había barro para venir y seguir otro día, pero no les creímos. Nos hicieron una oferta tentadora. Dijeron que podían llevarse a alguien si estaba muy cansado. Miramos a la Clau, pero ella ni se inmutó, así es que seguimos.

Pocos pasos más allá fue cuando la historia se convirtió inesperadamente en un entrenamiento de rescate bastante real. Álvaro, después de su almuerzo a base de maní añejo, venía diciendo que se sentía mal. No llegó mucho más lejos y lo que vendría sería un solo gran vómito apenas descontinuado durante yo diría que una hora y media. Cansancio, sueño  y luego de un rato, alteraciones más o menos importantes de conciencia.

Pablo, Sebastián y Yo íbamos más de avanzada, y estuvimos una media hora esperando a que nuestros compañeros dieran señales. Recién entonces decidimos aplicar la ley de hacer como que nos subíamos a las bicis para volver a buscarlos, cuando apareció alguien que nos contó lo que estaba pasando. Ahí Sebastián fue a ver qué pasaba y luego de otra media hora de conversa con Pablo frente a una vista soberbia, decidimos volver a hacer como que nos subíamos a las bicis para que apareciera alguien, entonces apareció Sebastián y nos enteramos de que la situación era más complicada de lo que esperábamos.

Uno de nuestros amigos está teniendo problemas para moverse, vomita, apenas reacciona, aunque no se está muriendo.  Podía perfectamente ser una insolación o un golpe de calor, cualquiera de las 2, porque no sabíamos la diferencia. Lo más probable es que tendríamos que bajarlo caminando en el mejor de los casos, o en camilla, en el peor.

Había un problema adicional. Stefan sabía que en el Alfalfal no habían teléfonos, así es que se 2 de nosotros, Sebastián y Pablo, seguirían subiendo hasta que encontraran señal de celular y avisarían a alguna de nuestras casas para que nos estuvieran esperando abajo.

Manos a la obra, Stefan y la Clau armaron una camilla de 4 ruedas con 2 bicis amarradas una al lado de la otra y luego la probamos, funcionaba, pero se nos venía un laaarga bajada. Mientras tanto Tatán, el novio de Clau y séptimo integrante del grupo, intentaba con muchísima paciencia de que Álvaro reaccionara y caminara. Yo por mientras resulté un experto en bajar con 2, incluso 3 bicis al mismo tiempo, así que yo llevé las bicis. (Hay una foto)

La noche se nos venía encima y yo ya estaba pensando que íbamos a dormir ahí, no veníamos exactamente preparados para eso. Yo estaba todo mojado, tenía hambre, y después supe que la ropa de recambio también estaba mojada por una botella abierta que en el apuro metí a mi mochila, estábamos en la punta del cerro aún cuando recién íbamos a subir a Álvaro a la camilla. Fue en ese momento en que las nubes se abrieron aún más de lo abiertas que ya estaban y  salió un rayo de sol que apunto hacia nosotros. Álvaro se paró y con la ayuda de Tatán empezó a bajar solo. No pasaron ni 15 minutos y Álvaro decidió que podría subirse a la bici. Le pasamos la bici y bajó. (Hay fotos de esto) Realmente no sé cómo lo logró en ese estado.

La cosa es que nos tocó bajar de noche. 3 minutos antes de que esto sucediera, Álvaro era inalcanzable, un bólido,y de repente, cuando se nos ocurrió mirar para atrás habíamos perdido de vista a Tatán con la Clau. Y peor aún, los habíamos perdido más que de vista. Simplemente los habíamos perdido. Stefan nos retó por bajar tan rápido y volvió a buscarlos. Debo reconocer que en ese momento yo pensé que no nos volveríamos a ver hasta el día siguiente.  Sin mucho más que hacer que esperar a que volvieran, me puse a revisar mi mochila, y para mi sorpresa alguien había metido en mi bolso 5 snickers defores por el sol, que al final eran de Álvaro, que estaba tirado semi- inconscniente a mi lado. Le rogué que me diera uno y ese fue mi gran consuelo.

A penas había terminado de chupar el papel con restos de chocolate, cuando llegó Stefan y un poco más atrás La Clau con Tatán. Sólo quedaba bajar hacia los panes amasados de el Alfalfal.

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