Cerro Manchón… relación de amor y odio.

Unas semanas antes, en la salida organizada por el CAU al cortadera del Barroso (que merece un relato aparte), con Enrique Marmentini nos pusimos a conversar sobre los cerros que teníamos frente a nosotros. Después de la breve conversación y ya de vuelta en la ciudad decidí revisar con mas detalles las cumbres que bordean la cara este del camino a la minera Los Bronces. Fue así como finalmente decidí planificar la subida a uno de los cerros que salió al tapete en esa conversación, el Cerro Manchón.


Ninguno de los dos tenía experiencia en este cerro así que preparamos durante la semana todos los detalles de la salida, hora y lugar de reunión, ruta a seguir, tiempos estimados, etc. Al fin de la semana tras gente que se subió y luego se bajó seguimos siendo los mismos dos participantes iniciales los únicos integrantes de la salida.

CAU - Salida cerro Cortaderas 131116 (1)

Ya eran las 8:35 del sábado y nos encontrábamos en el auto con Enrique camino a la clásica Terpel. Allí fue la primera parada para abastecernos, ambos compramos dos hamburguesas con queso. Yo, que no había desayunado, me comí una de inmediato y dejé la segunda como mi almuerzo a la llegada a la cumbre. Enrique decidió guardar las dos para el camino.

A las 9:35 ya estábamos en el lugar de inicio para partir nuestro camino, en la cara oeste del cerro. Iniciamos cruzando el riachuelo al lado del camino y empezamos a seguir un sendero bien marcado. Repentinamente el sendero se perdió por lo que comenzamos a mirar el mapa y buscar la ruta según lo que habíamos leído pero no encontramos información útil así que decidimos seguir subiendo. Unos metros más arriba me percaté que, como era esperable, habíamos partido en el lugar equivocado, quizás unos 500 mts antes del punto indicado. De todas formas no fue inconveniente pues que decidimos alcanzar la ruta original un poco mas arriba.

WP_20131130_09_36_50_Pro

El sendero era bien marcado y no presentaba mayor dificultad, trayecto que durò aproximadamente una hora desde donde se acaba el camino. Seguimos por sendero claro hasta el inicio de la arista que nos llevaría al filo cumbrero. Estando ya en el filo miramos hacia arriba y adelante nuestra ruta a seguir, larga subida hasta la cumbre con una pendiente moderada. Solo el hecho de mirar ya me agotaba en parte, pero había que seguir adelante.

Fueron un par de horas de caminata pasando varias lomas, muchas veces por terreno suelto, lo que dificultó bastante mantener buen ritmo, hasta que al fin alcanzamos el filo. Enrique se me adelantó y llegó primero a la cumbre, un par de minutos después llegué yo, algo agotado mentalmente tras la larga caminata. Nos habíamos demorado en total 4:35 hrs en realizar la ascensión, casi 30 minutos menos de lo presupuestado.

WP_20131130_14_19_15_Panorama

La llegada la cumbre es cuento aparte, apenas me acercaba a la cima se asomó el Altar, la Paloma y todo el grupo del Plomo frente a mí. Sin nada que nos separara (mas allá de cientos de metros de valle) y todo fue mucho mas gratificante.

Nos echamos un rato a descansar en la cumbre, comimos nuestras hamburguesas como merecido premio, nos tomamos las fotos para el recuerdo y firmamos el libro de cumbres (que estaba lleno así que deje el papel donde tenía la ruta como recordatorio). En total estuvimos aproximadamente 45 minutos en la cumbre disfrutando del lugar.

WP_20131130_14_20_33_Pro (2)

El descenso es cuento aparte, se inició tipo 3 de la tarde, esta vez decidimos bajar por un acarreo al sur de la arista por donde subimos. Evidentemente el descenso en términos de tiempo y cansancio pudo ser un placer de no ser por las piedrecillas que se metían en nuestros zapatos y cada cierto tiempo nos obligaban a parar para sacudirlos.

Al fin ya en los autos, tras 2:15 de descenso pudimos contemplar todo lo que habíamos hecho. No era poco, 1850 mts de desnivel en un corto tiempo y con una vista inigualable, lo que sin duda lo hace una experiencia única. Ya camino a casa, un poco más sucios y cansados, conversábamos sobre nuestros próximos planes cerristicos, indudablemente no queríamos aceptar la realidad de tener que retomar nuestra vida normal lejos de la montaña.

Como le escuché decir a un montañista famoso, la felicidad muchas veces es retrospectiva y solamente podemos verla cuando miramos hacia atrás sobre lo que hemos hecho. Y claramente esta salida, a pesar del desgaste, me lleno de esa felicidad que solo puedo encontrar cuando estoy en la montaña, de esa relación de amor y odio que a veces tenemos con ella. Da lo mismo cuanto la quieras, cuanto la anheles, a veces caprichosamente no te trata como te gustaría… pero uno siempre termina volviendo.

WP_20131130_14_59_15_Pro

Luis Salazar Vargas